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Listas Spotify: La solvencia de Horacio Fumero

Texto y selección: Manuel Recio

Horacio Fumero es uno de los músicos de jazz más activos de la escena nacional. Con esta lista le rendimos homenaje al genial contrabajista.

Ha sido integrante del mítico Tete Montoliu Trío durante dos décadas. Y hoy se le puede oír en diferentes formaciones. Fumero es también profesor de la Escuela Superior de Música de Catalunya (ESMUC) y del Conservatorio Superior del Liceu de BCN.

Nacido en Cañada Rosquín, provincia de Santa Fe, Argentina, en 1949, estudió en el Conservatorio Manuel De Falla de Buenos Aires y en el Conservatoire Superieur de Musique de Ginebra, Suiza. En 1973 viajó a Europa con Gato Barbieri para participar en el Montreux Jazz Festival y realizar varias giras por los principales Festivales de Jazz de Europa (Varsovia, Roma, Paris, Estocolmo, Madrid, Zagreb, Copenhagen). Residiendo en Ginebra continuó sus estudios y colaboró con la Orquestre a’ Cordes de Lausanne y con diversos grupos de jazz de Suiza.

En 1980 se estableció en Barcelona. Desde 1981 formó parte del trío estable de Tete Montoliu con el que trabajó de forma ininterrumpida hasta su fallecimiento en 1997. Con el trío, o como freelance también, trabajó con, entre otros, Freddie Hubbard, Johnny Griffin, Horace Parlan, Danilo Perez, Joe Newman, Harry “sweets” Edison, Philip Catherine, Geoge Cables, Idris Muhammad, Bobby Hutcherson, Cedar Walton, Sal Nistico, Jerome Richardson, Oliver Jones, Woody Shaw, Benny Golson, James Moody, etc.

Ha actuado como solista con la Orquestra de Cambra del Teatre Lliure de Barcelona, la Orquesta Sinfónica de Granada, la ONE (Orquesta Nacional de España), la Orquesta de Cámara “Andrés Segovia” de Madrid; también con Lalo Schiffrin y la OCB (Orquesta Sinfónica de Barcelona).

En el campo del Flamenco ha trabajado con artistas como Chano Dominguez, Martirio, Chicuelo, Mayte Martin, Ginesa Ortega, con Miguel Poveda grabó el cd “Coplas del querer”, galardonado como Mejor Álbum de Canción Española en los Premios de la Música 2010 y con el recién estrenado DÚO con Pedro Javier González (guitarra).

Trabaja habitualmente con la mayoría de solistas residentes en nuestro país: Lluis Vidal, Albert Bover, David Xirgu, Gorka Benítez, Jorge Pardo, José Reinoso, Antonio Serrano, Manel Camp, Jordi Bonell, Raynald Colom, etc.
Mientras que con músicos de Argentina suele colaborar con Rodolfo Mederos, Pablo Mainetti, Adrián Iaies, Susana Rinaldi, Horacio Ferrer, Luis Salinas, Liliana Herrero, etc.

Desde 1999 ha sido llamado por la SGAE para actuar en las ediciones del Concierto Homenaje a Tete Montoliu.

Ha recibido diferentes reconocimientos como los premios a su trayectoria profesional del Diario El Mundo (Madrid), La Bilbaína, Rojales (Murcia) y MiraJazz (Miranda de Ebro); Jazz entre amigos (TVE) 1989; Revista Enderroc (Barcelona) Mejor artista Jazz 2006; Nominación Grammy con Adrián Iaies, Asociació de Músics de Jazz de Catalunya y el JazzTerrasMan 2013 de Terrassa.

Horacio Fumero vive en Barcelona, es profesor de la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC) y del Conservatorio Superior del Liceu de BCN.

Bienvenido, 11º Ciclo 1906

11 Ciclo 1906

Presentamos el 11º Ciclo 1906,  una nueva edición que nos trae una cartel sin precedentes centrado en el jazz y en sus estilos hermanos: flamenco, blues, soul… y que lo consolida como el ciclo referencia de la música que mejor representa los valores y la filosofía de nuestras familia de cervezas 1906. Este año el Ciclo crece, multiplica sus conciertos, pasando de 33 a 60 eventos y amplia su tiempo de duración poniendo la banda sonora no solamente a la primavera sino también al otoño.

Presentación 11 ciclo 1906

Más de 20 clubs y teatros repartidos por toda la geografía traerán la música de los mejores artistas del mundo del jazz, flamenco, blues o soul. No te pierdas la primera cita, será el 16 de marzo en el Café Berlín de Madrid, de la mano de Knower; el dúo norteamericano que visita España por primera vez con el Ciclo 1906. ¡Bienvenidos!

Consulta aquí todas las fechas y artistas del 11º ciclo 1906

Las Cervezas 1906 apoyan la cocina del Atlántico en su Semana Gastronómica

Semana Gastronómica de A Coruña

Nuestras Cervezas 1906 acaban de comenzar una semana gastronómicamente muy interesante. Lo hacen junto a la asociación de cocineros Coruña Cociña, que tiene entre sus objetivos impulsar una oferta culinaria basada en la cocina de mercado, en el uso de productos locales de temporada, en la innovación y en la creatividad.

Para esta Semana Gastronómica, que tendrá lugar en diferentes restaurantes de la ciudad de A Coruña hasta el domingo 26 de noviembre, hemos reunido a algunos de los chefs del Atlántico que mejor representan los valores de la gastronomía gallega para que nos muestren su interpretación más personal de los productos de la tierra maridados con cada una de nuestras cervezas de la Familia 1906.

Así, cada uno de los chef participantes en estas jornadas se atreve a conjugar sus platos con una de nuestras deliciosas cervezas. Estos son los cocineros que nos deleitarán con su habilidad en los fogones y estas las propuestas que nos harán la boca agua.

RED VINTAGE

Adrián Felípez, de Miga Coruña: alcachofa a la brasa, picada de Rubia Gallega y yerma trufada & 1906 Red Vintage.

Álvaro Gantes, de O Lagar Da Estrella: mollete de ventresca de atún rojo con huevo frito de codorniz & 1906 Red Vintage.

Chisco Jiménez, de Culuca Cociña Bar: jurel a la llama & 1906 Red Vintage.

Red Vintage de la Semana Gastronómica de A Coruña

RESERVA ESPECIAL

Ángeles Marzoa, de Vinoteca Jaleo: ensaladilla con huevos de codorniz & 1906 Reserva Especial.

Iván Domínguez, de Arallo Taberna: xarda asada, patata y chufa & 1906 Reserva Especial.

Pablo Gallego, de Pablo Gallego Restaurante: pato desmigado con trigo y pasas & 1906 Reserva Especial.

Javi Frejeiro, de El Huerto de los Cantones: panceta, boniato y granada & 1906 Reserva Especial.

Reserva Especial de la Semana Gastronómica de A Coruña

BLACK COUPAGE

Pablo Pizarro, de Restaurante Bocanegra: mollete al vapor de guiso de calamares & 1906 Black Coupage.

Black Coupage y Reserva Especial de la Semana Gastronómica de A Coruña
Con estos maridajes Cervezas 1906 y Coruña Cociña pretendemos promover el intercambio cultural de la gastronomía de A Coruña con otras culturas y mejorar los hábitos alimenticios y la calidad de vida a través de la gastronomía del Atlántico.

Robert Glasper en Café Berlín: pura genialidad transversal

Robert Glasper en concierto en Café Berlín de Madrid

Texto: Pablo Luque

Fotografías: Jaime Massieu

Si es cierto eso de que los buenos momentos se pasan más rápido, sin duda el concierto de Robert Glasper fue un momento fantástico. La hora que el pianista estuvo sobre el escenario del Café Berlín se pasó como un suspiro.

La céntrica sala madrileña estaba hasta arriba para recibir al músico texano; de hecho hubo aventureros sin entrada anticipada que tuvieron que volverse a casa sin éxito. La innovadora propuesta de Robert Glasper tiene muy buena crítica, y la expectación entre el público era palpable cuando apareció DJ Sundance para pinchar algo de música que daba inicio a lo que iba a ocurrir a continuación.

Robert Glasper en Café Berlín

El pianista salió junto a Vicente Archer (contrabajo) y Damion Reid (batería) mientras los beats de Sundance les daban entrada como si de un combo de hip-hop se tratara. La primera en sonar fue “Sign O’ the Times” de Prince, que, como explicó Glasper, en su día grabaron para un disco de versiones pero que no pudo ser editada porque el fallecido legendario músico de Minnesota no les dio autorización.  

Los siguientes sesenta minutos fueron un ir y venir de ritmos imposibles, notas sincopadas, cortes inesperados pero efectivos: una mezcla genial de jazz y de hip-hop sobre la que habrían encajado perfectamente tanto una voz sugerente de R&B como los versos de un MC; una conjunción tan sorprendente como brillante, magistralmente ejecutada.

Robert Glasper en Café Berlín

Glasper bailaba con sus dedos sobre el teclado a la vez que DJ Sundance lanzaba samplers de voces soul. ¿Cuánto había de improvisación y cuánto de interpretación estructurada? Imposible de determinar. El juego de caja y plato de Damion Reid y las líneas de bajo de Archer sonaban como la base de un tema de rap clásico; esta música tan transversal valdría de banda sonora de una película sobre el mundo del graffiti en Los Ángeles o sobre el glamuroso Nueva York de los cincuenta. No hay necesidad de música vocal cuando la instrumental transmite tanto.

Robert Glasper en Café Berlín

El vaivén de ritmos y de melodías irregulares subía al público a una nube que se dejaba llevar por el virtuosismo de los músicos. No en vano, Robert Glasper ya tiene tres premios Grammy en su haber, conseguidos con diferentes proyectos que han puesto al norteamericano entre los grandes renovadores actuales del jazz.

Casi sin notarlo, había pasado una hora y la banda se retiraba para volver rápidamente con un innegociable bis. Pueden ir a donde quieran, su música es especial y única a la vez que de todas partes. Lo que hace esta banda funciona entre sprays de pintura a la vez que entre el humo y la ginebra de un club. Robert Glasper es música en estado puro, sin barreras ni etiquetas.

 

Kenny Garrett, en el Café Berlín: reinar en la nación del jazz

Concierto de Kenny Garrett en el Café Berlín de Madrid

Texto: Manuel Recio

Fotografías: Jaime Massieu

El saxofonista de Detroit mostró junto a su engrasado quinteto que es uno de los candidatos a reinar en el jazz actual. Riesgo, velocidad y un sonido versátil fueron su mejor carta de presentación en la noche del 27 de octubre ante un abarrotado Café Berlín madrileño.

Si el jazz fuese una nación, los saxofonistas serían los presidentes del parlamento. Presidentes fueron Lester Young (‘Prez’ era su apodo de hecho), Coleman Hawkins, Charlie Parker o John Coltrane. Casi nada. Todos ellos saxofonistas que presidieron la nación del jazz durante algún tiempo. Kenny Garrett todavía no ha llegado a tanto pero es uno de los presidenciables en esta convulsa parte del siglo XXI que nos ha tocado vivir.

Concierto de Kenny Garrett en Café Berlín

En sus inicios tocó —nada más y nada menos— que con la orquesta de Duke Ellington y con el mismísimo Miles Davis. De ellos heredó ese lenguaje bop de su estilo y la brillantez del swing en su sonido. Galones no le faltan por tanto. Cuando apareció sobre el escenario del Café Berlín de Madrid, su traje gris galáctico refulgía, su saxo alto mucho más. Dos pases de poco más de una hora ante un salón repleto de curiosos, donde se mezclaban aficionados de toda la vida con algunos de los mejores músicos de jazz de la escena madrileña. La categoría del público marca la grandeza del artista. Y Garrett es un músico grande.

Coronado con un gorro de deidad africana a juego con el traje, sopló las primeras notas y ya pudimos ver (más bien escuchar) que la noche iba de fraseos vertiginosos. Volatilidad melódica, riesgo armónico, consistencia tímbrica y unos agudos que todavía rechinan en el oído medio de los asistentes fueron sus galones.

Quizás a veces pecaba de excesiva velocidad en sus fraseos. Nunca perdía, eso sí, la comunicación con su banda, una pléyade de excelentísimos y jóvenes músicos (a excepción del percusionista) donde la base rítmica tejía una esponjosa alfombra donde brincaban con éxtasis el pianista y el propio Garrett. La percusión aportaba otros matices: ora texturas ornamentales, ora ritmos tribales, ora ambientes misteriosos.

Concierto de Kenny Garrett en Café Berlín

El excelso quinteto de Garrett presentó los temas de su último disco “Do you dance”, aunque —todo hay que decirlo, bailar bailar, poco— apenas habló y se pasó grandes pasajes del concierto de espaldas al público. ¿Timidez?, ¿concentración?, ¿mística? Cualquiera sabe. El New York Times llegó a decir de él que era uno de los mejores saxofonistas altos desde Charlie Parker. Si el New York Times lo dice será por algo. Desde luego que Garrett tiene cualidades de sobra para reinar esa mal llamada nación del jazz. La pregunta es: ¿cuánto durará su reinado?

Lista Spotify: lo mejor de Kenny Garrett

ANTONIO LIZANA, EL DUENDE DEL JAZZ

Antonio Lizana Garufa Club 4
Antonio Lizana

Texto y fotos: María Nieto Díaz

¿Quién dijo que el jazz debe mantenerse puro? ¿Quién asegura que el flamenco es un arte aislada? ¿Quién dice que un cantaor no toca el saxo -tenor y soprano- como los mejores maestros? Si alguien lo dijo -y es posible, hay gente muy osada-, Antonio Lizana ha nacido para desmentirlo sin piedad.

Antonio Lizana Garufa Club 4

El Garufa Club recibía al maestro y su banda dentro del Festival MásQueJazz y se preparaba para una noche en la que fusión y arte serían las palabras más repetidas. Lizana arrancaba con “Debí nacer culpable” e inmediatamente se producía la magia. Percusiones con reminiscencias árabes, un saxo tenor auténticamente jazz y una voz que desgrana los palos flamencos con auténtica maestría, así es el directo de Lizana, que comentaba feliz “al venir a Coruña me he reencontrado con muchos amigos, y eso es un lujo”.

Daniel García Diego al piano, Jesús Caparrós al bajo, Shayan Fathi a cargo de la percusión y Maui de Cádiz a los coros y bailes completan una formación heterogénea y llena de duende, sin paliativos y sin vergüenzas.

Antonio Lizana Garufa Club 1

Con la soleá por bulerías “Nos quisimos así” arranca el tercio más flamenco de la noche, con un bailaor desatado y un cantaor absolutamente sublime mano a mano.

Hubo también momento para la reivindicación, con “Frontera”, uno de los grandes temas del último disco del gaditano, que el artista dedicó “a los Mozart y Einstein que habrán nacido al otro lado de la frontera y no han tenido ni el menor margen para elegir”

Antonio Lizana Garufa Club 2

La batería pasa del sonido del cajón flamenco, seco y penetrante, al standard de jazz más delicado en un abrir y cerrar de ojos, y arranca “Respira“, otro de los temas del último disco.

Vamos a tocar ahora “Tú déjate sentir” -explica Lizana – “let you feel yourself por si nos escuchan desde Edimburgo” bromea. Y con este tema da paso a un descanso que remata cuando empieza a sonar el verso “Perdí toda esperanza de librar estas cadenas“.

Antonio Lizana Garufa Club 3

El ejercicio estilístico de piano, grave y melancólico, que arranca el aplauso unánime y emocionado del público consigue convertir la noche en un salto del jazz al flamenco imposible de parar. Hay estilos que confluyen con facilidad en las manos de esta formación.

Sonaron “Destino” – “uno de los grandes éxito en nuestro barrio, que tampoco somos los Rolling Stone, bromeaba Lizana- y “Vengo perdío“, y la banda decidió despedirse con un buen fin de fiesta por bulerías para evitar la mala suerte.

Amarante, la amarga dulzura

Texto y fotografías: Edith Filgueira

Hace unas semanas, en una conversación con un amigo, salió el tema de cómo se mitifican a algunos grupos de música, escritores, periodistas o cualquier persona que adquiere una cierta relevancia por su profesión y de cómo otros muchos suponen un descubrimiento en todos los sentidos -teniendo en cuenta que a uno le interese que detrás de un buen trabajo haya un mejor ser humano-. Pues bien, Rodrigo Amarante -para muchos conocido por ser el creador de la canción insignia de la serie “Narcos”– conjuga lo artístico y lo personal  exageradamente bien.

 

En un momento de confesión se describió como alguien “egoísta” que utiliza las canciones para obtener un beneficio, a modo de autoayuda. Y yo, que no soporto la cantinela de abanderados del género como Paulo Coelho, caí en la trampa de este brasileño de canas incipientes en una barba frondosa pero que no consigue restar protagonismo a la sonrisa que regala cada dos por tres.

En el que era el último concierto de la gira de su primer disco en soltario –“Cavalo”,  2014- se fue la luz justo en la mitad de un tema -es lo que tienen a veces los directos-, y como si nada hubiera sucedido, se arrimó al borde del escenario y continuó cantando sin miedo a la oscuridad, convirtiendo en virtud lo que a otros pondría nerviosos durante unos largos segundos.

Rodrigo Amarante

“Fall Asleep”, una especie de nana que compuso para vencer al insomnio y dejarse llevar por Morfeo sin necesidad de somníferos,  y “I’m Ready”, sobre cuando uno cree que ha llegado a destino y de repente se da cuenta de que todavía le queda camino por recorrer, mostraron a un Amarante amargamente dulce. A sus cuarenta años es capaz de entonar que está listo para el final como quien mantiene la esperanza del principio.

En portugués sonaron otros temas como “Irene” o “Cavalo”, que da nombre al álbum del que ayer por la noche se despidió en el Riquela Club de Santiago de Compostela para, según explicó, empezar a trabajar en un disco nuevo.

Y volviendo al principio, Rodrigo Amarante tiene la consistencia de alguien que lleva bastantes años en el mundo de la música -formó parte del trío Little Joy, entre otros- y la inquietud de quien sabe que le queda mucho por probar. Pero lo que es mejor aún, es una persona agradecida con el público que decide comprar una entrada para compartir un rato con él, ya sea a media luz o a oscuras. En la ONU deberían plantearse hacerle una llamada para que haga de intermediario en los conflictos más retorcidos. Y Woody Allen debería cambiar a Wagner por Amarante, así le entrarían ganas de dejarse invadir en lugar de querer ocupar Polonia.

Manolo Gutiérrez y los besos

A lo largo de ‘Peter Pan’ se dice varias veces que Wendy lleva un beso escondido en la comisura de sus labios. Pues es algo parecido a lo que se esconde detrás de las teclas que Manolo Gutiérrez pulsa. Quizá no sean besos, pero está claro que algo hay. Se trata de una especie de James Matthew Barrie que cuenta sus historias con notas, en lugar de letras, y acordes, en lugar de palabras.

El caso es que el país de Nunca Jamás existe si se busca un poco. Esta noche estaba en el Filloa Jazz Club con Manolo Gutiérrez, al piano,  Tom Warburton, al contrabajo, y Iago Fernández, a la batería. El trío hace buenas migas dentro del escenario pero también fuera de él y la dificilísima conjunción de complicidad y distancia se palpa en cada tema. Complicidad porque se escuchan y se respetan -aquí cabe una mención especial al maestro Gutiérrez que deja lucirse a sus dos acompañantes en cada canción-. Distancia porque ninguno invade el territorio del contrario -algo que puede suceder cuando uno interpreta abstraído en la melodía-.

Manolo Gutiérrez Trío

Al teclista se le nota la experiencia. Para los que sólo lo conozcan por su andadura con el grupo Sumrrá, sepan que pasó por otras formaciones antes, como Jazztá o Sausalito Jazz Band. También lleva años inmerso en el mundo de la docencia en Estudio, Escola de Música -en funcionamiento desde 1987 en Santiago de Compostela- que empezó de forma modesta para, con el tiempo, convertirse en un lugar al que acuden personas de toda la geografía española para bucear en la música.

Creando adeptos más allá de las fronteras del jazz, tocaron composiciones del pianista como ‘Serie B’, ‘Analogía’, ‘Reincidente’ -en la que durante alrededor de dos minutos pulsa las mismas teclas mientras contrabajo y batería parecen protestar- o ‘Bágoas na chuvia’ -de la que se puede decir sin exagerar que es una de las canciones más tristes que el mundo del jazz guarda en su haber-.

Manolo Gutiérrez Trío

Después de otras cuantas piezas -una de ellas tan reciente que está sin bautizar- se despidió con ‘Mala memoria’, por la que afirmó que siente predilección aunque no siempre tiene la oportunidad de traerla al presente-.

Al ir vaciándose el club un hombre le comenta al dueño que Guitiérrez quita el sentido y la que escribe piensa que tal vez la intuición no le fallaba porque lo que mejor hace perder la noción de todo son los besos. Y Manolo Gutiérrez los esconde bajo las teclas. Cada cual que recuerde el que más le haya marcado o incluso aquellos que no ha dado -que esos también se quedan muy adentro-. Esa es la sensación que describe disfrutar en directo de semejante compositor.

Manolo Gutiérrez

Texto y fotografías por Edith Filgueira.