Crónica de Christian McBride Trío. Madrid, Teatro Lara, 1 de junio de 2015. VIII Ciclo 1906 de Jazz

2 de junio de 2015

Texto: Manuel Recio
Fotografías: Jaime Massieu

El poderoso trío de Christian McBride ha sido el encargado de cerrar el VIII Ciclo 1906 de Jazz en Madrid, en un primer día de junio, que a pesar del aroma a verano, ha conseguido llenar casi por completo las butacas del vetusto recinto. La lista de nombres con los que ha colaborado McBride abarcaría toda esta crónica y daría para llenar cinco más. Milt Jackson, Freddie Hubbard, Joshua Redman, Sonny Rollins, Dee Dee Bridgewater, Chick Corea… Fuera del jazz, su nombre ha estado asociado a Sting, Celine Dion, Isaac Hayes… hasta los mismísimos James Brown y Paul McCartney se han beneficiado de su talento. En círculos jazzísticos lo llaman el nuevo Ron Carter, pero McBride no parece querer emular a nadie. Con una dilatada trayectoria, su propuesta en la desnudez del formato trío suena sincera, personal, generosa y, sobre todo, muy sólida.

Christian McBride Trio - Club 1906

Christian McBride sale al escenario del Lara enfundado en un elegante traje gris. Su corpulenta figura, sus gafas negras y su cabeza rapada sugieren cuidadas maneras y un cierto aire de intelectualidad. Coge el contrabajo con decisión y galantería, como quien conserva un preciado tesoro al que, en el fondo, le tiene algo de respeto por si se agota. El tesoro de McBride, por el contrario, está en sus dedos. Y no precisamente en el meñique —el único dedo que no acaricia directamente las cuerdas de su contrabajo— donde porta un llamativo anillo de oro. Son el índice y el corazón los principales artífices de su magia.

Empieza con una referencia de Wes Montgomery. El trío está bien engrasado, dialogan entre ellos con fluidez y eficacia, escuchándose y disfrutándose, sin caer en virtuosismos vacuos. Ulysses Owens, con el que ya ha colaborado anteriormente, es de esos baterías que acaricia los tambores con sutileza y precisión. Los filamentos de las escobillas no tienen como objetivo marcar únicamente el ritmo, también aportan intensidades y atmósferas.

Christian McBride Trio - VIII Ciclo 1906 Jazz6

Por su parte el jovencísimo Christian Sands salta por las teclas de piano como un intrépido funambulista, con arpegios imposibles y armonías vaporosas. Ante tanta solvencia, McBride tan solo tiene que dejarse llevar. Y eso hace a través de estándares como “Caravan” de Duke Ellington, una versión de Billie Holiday (donde se permite usar el arco para darle cierto patetismo a la canción) y otra del Thriller de Michael Jackson, “pero no es Billy Jean”, como se apresura a anunciar.

También se permite adelantar temas de su próximo disco, que saldrá en septiembre, y adentrarse en terrenos musicales híbridos más allá del jazz. Poco antes del final nos sorprende con un contrabajo a octavas para mover las caderas del personal con un tema de la banda sonora de Car Wash, a medio camino entre el funky y la música disco.

Christian McBride Trio - VIII Ciclo 1906 Jazz

McBride se siente arropado en España. “Sois mi familia”, suelta en un interludio entre canciones con un castellano más voluntarioso que comprensible. Detalla toda su gira: Bilbao, París, Manchester. El público, consciente de lo que tiene delante, le ovaciona al acabar cada canción. Se va del escenario con la misma elegancia con la que salió pero con la cara llena de satisfacción y principalmente con la sensación de que sus manos han guiado, una vez más, al público durante poco más de hora y media por los ilusionantes y movedizos terrenos del jazz. No podía haber mejor colofón para el cierre del VIII Ciclo 1906 de Jazz en Madrid.