Clarence Bekker MásQueJazz Garufa Club Coruña

Texto y fotos: María Nieto Díaz

Vaya por delante que es imposible escribir una crónica fiel de lo vivido en el Garufa Club de A Coruña con el concierto de Clarence Bekker, sencillamente porque para entenderlo hay que vivirlo. Pocas veces un directo cuenta con una energía tan claramente palpable desde el minuto uno y logra mantener la altitud de vuelo sin problemas.

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Bekker llegaba al Garufa Club con la increíble mochila de su historia personal a las espaladas y muchas ganas de disfrutar, y lo dejó claro desde el primer momento. Con una banda multicultural y volcada en la fiesta que son capaces de provocar, el artista holandés saltaba al escenario al ritmo de “Valerie” y ya no existió nada más en las siguientes dos horas y media.

El Garufa es un club de los de siempre, donde el ambiente es cálido y las noches tienen ritmo, pero anoche ese club perdió los papeles, para bien, y de qué manera. Bekker presentaba a su banda en un simpático castellano que no abandonó en todo el directo “tengo músicos de Santander, Estados Unidos, Almería y Galicia” y los presentes aplaudían ya enfervorecidos. Se había propagado la epidemia del soul y ya no había cura posible.

“Ain’t no sushine when she’s gone” sirvió para demostrar la potencia increíble de la voz de Bekker y su capacidad infinita de resurrección, un artista capaz de sobreponerse de las inclemencias de un tropiezo personal para componer preciosidades como “In my mind”, que conquistó a la sala con sus dulzura y su ritmo infinito.

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Sin miedo a tocar el pop en toda su grandeza, la versión más soul del “Purple Rain” de Prince puso a la sala en pie, y sirvió de preludio a la primera imitación de la noche: “¿Sabéis por qué llevo gafas?” preguntaba el artista, “pues porque…” para arrancarse con una increíble versión a capela del “I just call to say I love you” de Stevie Wonder.

Llegaba el momento tierno de la velada. Con las luces atenuadas sonaba el espíritu de Otis Redding con “Try a Little tenderness” y tras “Love needs love” la banda anunciaba un descanso… y de qué manera. Con Tracy Chapman aplaudiendo enfervorecida (de haber podido vivirlo en directo lo habría hecho) Clarence Bekker cantaba “Talking ‘bout Revolution” saltando con pasión y bajando del escenario para recorrer la sala, sin micro y coreado por los más de 200 apasionados fieles, dejando claro que su voz no es de este mundo, es de uno mucho, muchísimo mejor.

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Quince minutos después Bekker volvía al escenario llamando entre risas al batería, que se había quedado entre los presentes charlando y decidía cantar “When a man loves a woman” sin banda, sin micro y sin complejos. Regresa el espectáculo, y queda claro cuando “Private Dances”, de Tina Turner, comienza a sonar, de nuevo a capela.

“Mr Morality” es el tema elegido para preceder una versión llena de matices de “Stand by me”, en la que el artista incluso se atreve a la adaptación al castellano. A estas alturas hace corear a la sala completa y las pocas personas que hasta ahora habían logrado mantener la calma, impertérritas, en sus sillas, se levantan y se rinden a la evidencia: esta noche no estamos ante un concierto cualquiera, y es mejor vivirlo en pie.

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Con “I feel good” ya no queda resistencia que vencer. Todos gritan pidiendo más y Bekker disfruta de su resurrección sin paliativos. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que dando paso al Rey del Pop? “Billy Jean” volvió a intentar convencernos a todos de que el niño era nuestro y francamente, con semejante chorro de voz lo habría conseguido, de eso no hay duda.

Se acerca el final, y Bekker lo sabe. Dos horas y cuarto de concierto no son suficientes pero la noche avanza inexorablemente, así que hay que cerrar (o no), y para ello la banda elige el “What’s going on?” de 4 Non Blondes, con fragmentos a capela y mucho sentimiento, y con el público completamente entregado a los coros improvisados.

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Clarence Bekker despide a su banda, uno a uno, en perfecto castellano, para dar por despedida la noche con un mashup increíble de “Don’t worry, be happy” y el ya citado “What’s going on?” en versión ska. Indescriptible…

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E insuficiente. El público grita “otra, otra” como si en lugar de en un concierto de soul estuviese en un macrofestival rock. Suena “Crazy”, de Gnarls Barkley y no hay salida posible. El contagio es masivo, no hay antídoto ni cura. “Could you be loved”, dde Marley, cierra un concierto increíble que ni de lejos podrá imaginarse quien no haya tenido la fortuna de vivirlo, puro soul en su mejor faceta, con un Bekker peltórico que baja del escenario a tomarse algo con sus fans en la barra de un Garufa que hoy ha consagrado su imagen de club imperecedero con creces, escenario de la resurrección sonora más increíble jamás vista, demostrando que el Ave Fénix trina como los ángeles.

 

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