Crónica Garufa Blue Devils Big Band. Garufa Club, A Coruña. 17 de julio de 2015. II Festival + Que Jazz

Crónica Garufa Blue Devils Big Band. Garufa Club, A Coruña. 17 de julio de 2015. II Festival + Que Jazz

18 de julio de 2015

Texto: Javier Fraiz

En la orquesta que dirige el saxofonista Roberto Somoza, docente en el conservatorio de A Coruña y uno de los grandes compositores del jazz gallego, “la persona más importante es Mar, lleva meses sirviéndonos las copas”. Dieciséis músicos empastan esa música del balanceo que tiene casi un siglo y que para Duke Ellington era el único modo importante. Este viernes, en el Garufa Club, mientras la camarera y sus compañeros servían y despachaban a un ritmo alto y constante, la formación residente Garufa Blue Devils Big Band revisitaba a dos de los más grandes líderes de orquestas de jazz. Los dos pianistas, los dos populares, Ellington y Count Basie.

La formación de músicos de A Coruña recordó los himnos principales de ambos directores legendarios. Respeto por la tradición en dos pases. “Eran, no sé si rivales en lo personal, pero sí en la música“, subrayó Somoza. En plena hipeactividad de ese otro tipo de orquestas, las que devoran asfalto por las fiestas populares, los Blue Devils se retiran por descanso. Volverán en otoño a sus citas semanales en el club de A Coruña. Su concierto de antes de las vacaciones, enmarcado en el II Festival + Que Jazz, sirvió de recordatorio a la gran cantidad de temas reconocibles que legaron Ellington y Basie llevando la batuta desde el piano. Así animaron al público “Caravan” o “I Got It Bad (and That Ain’t Good)”, del Duque, o “The Midnight Sun Will Never Set”, una composición de Quincy Jones que formaba parte del repertorio habitual del Conde (el disco “One More Time” recoge la “música de la pluma” del primero). Ejecutó el solo de este clásico Miguel, “que es tímido y quiere decirlo algo a su pareja, que está aquí”, figuró Somoza. Su saxo alto fue elocuente.

Lejos de aquella máxima de Ellington sobre el jazz (“es la clase de hombre que no querría para mi hija”), el derroche de standards de swing y alguna balada animó el ambiente. El público, sintiéndose como en una de esas fiestas apoteósicas de El Gran Gatsby, se sumó a dar palmas y a acompañar con la cabeza una música preñada de duende. La banda lució una estética a medio camino entre la de las big band de la era clásica y las charangas tradicionales gallegas.

La formación y la escena que se está consolidando en A Coruña sirven de reunión a músicos con historias paralelas en proyectos personales u otros grupos locales como Los Hot Chocolates o The Big Lis Gumbo Band. Somoza, que abrió la última edición del Maratón de Jazz 1906, marcó entradas, codas y solos; cogió su tenor o el clarinete como si soltara las cintas de un camisón; dio la entrada a un joven estudiante en el tramo final y también dirigió momentos desenfadados. Pedro Lamas, fundador junto a Somoza de la Orquesta de Jazz de Galicia, parecía tan cómodo contando dos chistes como con el saxo barítono. El pianista, a unos días del altar, también tuvo que salvar un  brete. El vocalista, con tablas y emocional, puso la dosis de elegancia.