Crónica The Swamp Donkeys + Ashlin Parker. Jazz Filloa, A Coruña. 5 de agosto de 2015. II Festival + Que Jazz

Crónica The Swamp Donkeys + Ashlin Parker. Jazz Filloa, A Coruña. 5 de agosto de 2015. II Festival + Que Jazz

6 de agosto de 2015

Texto: Javier Fraiz

En el delta del Mississipi, donde el jazz nació hace más de un siglo en el camino de ida y vuelta del cementerio, la música es una denominación de origen. En Nueva Orleans el swing, el blues, el country, el rock o el rap, conviven en una ciudad selvática tocada por la historia y que sobrevivió a la catástrofe, al estrés postraumáutico colectivo del Katrina como cima de una serie de embates naturales desde hace décadas. La música nunca se detuvo, aunque por momentos contuviera la respiración. Por ejemplo cuando, durante días, la incertidumbre hizo temer por la vida de Fats Domino. El huracán y las miserias humanas, mucho más devastadoras que el viento enfebrecido que se cobró 1.800 vidas, aparecen retratadas con todas sus aristas por David Simon en la serie Tréme, cuya banda sonora convirtieron The Swamp Donkeys (burros de la ciénaga) en el cierre de su noche en A Coruña. La brass band de Louisiana despidió la segunda edición del Festival + Que Jazz.

Hasta que agosto termine llevarán el estilo de NOLA por las rías gallegas. Ofrecieron en el Filloa de A Coruña el segundo de diez conciertos en gira por el Finisterrae hasta mediados de agosto. Brindaron al principio con vino mencía, cervezas Estrella Galicia y licor café, muy aclimatados. La banda integra en su gira al virtuoso trompetista Ashlin Parker, oriundo igualmente de la ciudad sureña, y ganador de un Grammy en el 2009 por el álbum debut de la Nueva Orleans Jazz Orchestra.

En la época en que la población aún rumiaba la tragedia del Katrina, el creador de “Tréme”, David Simon, recordó a propios y ajenos que “la música afroamericana es la única contribución cultural esencial que Estados Unidos ha hecho al mundo”. Y ese germen que embridaba ritmos aficanos, sonidos europeos y una gran profundidad de instrumentos de viento “ocurrió en una ciudad llamada Nueva Orleans”, el punto de partida de la Highway 61. Por sus 2.000 kilómetros de asfalto, hasta Chicago, se recorre buena parte de la historia de la música.

The Swamp Donkeys, que también han editado un disco con canciones propias, bruñen todo ese legado de clasicismo. Y en la tiera de Domino, Dr John, Allen Toussaint o Wynton Marsalis, todo proviene de Louis Armstrong. Incluso la voz terrosa y grave del trompetista James Williams se inspira en la de Satchmo, que definió su estilo tras partirse el músculo orbicular de la boca a fuerza de apretar la trompeta.

De la leyenda sonaron en A Coruña varios de los temas que convirtió en éxito, como “When you are smiling”, “Do You Know What It Means to Miss New Orleans” o “Ain’t Misbehavin”, una canción que también popularizaría Sam Cooke. En dos pases, las melodías se fueron revistiendo de diferentes matices, y de un tono festivo que animó a los asistentes al baile, gracias a la labor de una amplia sección de vientos, en una formación de hasta siete músicos (batería, banjo, saxo y clarinete, dos trompetas, trombón y tuba). La mención a la ciudad del Mardi Gras y a su gran icono musical no podía dejar de lado ni la sobrecogedora “What a wonderful world” ni el himno “When the saints go marching in“, salmo omnipresente en las marchas fúnebres en la capital de Bourbon Street.

En el pequeño escenario del Jazz Filloa de A Coruña, que ha compartido el II Festival + Que Jazz con el Garufa Club y el Bembiú Bar, no existe una frontera entre los músicos y el público. La formación de Nueva Orleans se aprovechó en su beneficio. Williams utilizó a la señora del abanico de una primera mesa y Parker a un caballero que se ofrecía voluntario a hacer correr una bandeja con vasos de chupito. La sensacional trombonista Haruka Kikuchi se despedía con un beso de la botella de 1906 tras apurar varios tragos. Entre el público disfrutaban también varios de los talentos locales que han protagonizado buena parte de la programación del festival, con 15 conciertos a lo largo del mes de julio. La cita aspira a consolidarse en una ciudad con su público, un conservatorio que nutre a la cantera y una memoria de grandes conciertos de jazz desde la década de los ochenta. El de este miércoles por la noche, el último que sumar a la lista.