Reseña. Bob Dylan: Shadows In The Night

Reseña. Bob Dylan: "Shadows In The Night"

6 de febrero de 2015

Texto: Luis Miguel Flores

¿Dylan cantando a Sinatra? Ojos que se abren, gestos de incredulidad, desdén, muecas varias… Pues sí. Eso es, ni más ni menos, “Shadows In The Night”. Ya lo advertimos: Bob Dylan ha editado 10 versiones de otras tantas canciones del repertorio de “La Voz”. Convenientemente desnudas, ralentizadas y entregadas como un peculiar crooner instalado en el country y el blues más añejos. El mismo lugar desde el que revitalizó su carrera con joyas como “Time Out Of Mind” o “Love And Theft”… y en el que parece haberse atascado últimamente. 

En los últimos años, Dylan parece moverse en esa fina línea que separa la extravagancia de la autoparodia. Es más: le gusta. Basta escuchar, sin ir más lejos, su insólito disco de vilancicos. O sus dos álbumes anteriores, supuestamente “normales”: “Together Through LIfe” y “Tempest”, en los que lleva al límite (del aburrimiento y la paciencia, en demasiadas ocasiones) su pose crepuscular y el “porque yo lo valgo”. Sí, es una pose. Tiene que serlo ¡Dime que sí, Bob!

shadowsinthenighthome

Pues, a pesar de todo esto, “Shadows In The Night” parece -diré más: es- un disco sincero. El de un artista que escribió esto en su autobiografía “Crónicas, Volumen Uno”“Cuando Frank cantaba, podía escucharlo todo en su voz: la muerte, Dios, el Universo, todo”. Para más INRI, la frase se refiere a los años de esplendor del folk en el Greenwich Village neoyorquino, cuando siquiera mencionar a Sinatra era poco menos que una herejía. Eso sí, Dylan es siempre Dylan y remata así la frase: “Pero tenía otras cosas que hacer y no mucho tiempo para dedicarle”. Genio y figura.

Parece que en los 50 años posteriores, Bob ha escuchado bastante a Frank. Tanto como para hacer una selección alejada del típico disco de standards, profundizando en el repertorio de Sinatra. No encontramos ningún “My Way” ni un “Fly Me To The Moon”, ni siquiera un “Strangers In The Night”. Dylan elige temas más conocidos (“Autumn Leaves”, “I’m A Fool To Want You”) o menos (“Why Try To Change Me Now” o “Stay With Me”), pero logra huir del cliché. Por el camino, ralentiza, desnuda y lleva a terreno country/blues (con una deliciosa steel guitar de Donnie Herron, por cierto) canciones que bailaban swing en la voz de Frank Sinatra y en la suya acaban… confundiéndose. Monotonía, señor Dylan.

Aún así, es posible disfrutar de su entrega y… ¿emoción es mucho decir? en “That Lucky Old Sun”, The Night We Called It A Day” o “Full Moon And Empty Arms”. Por otro lado, es difícil destrozar estas tremendas canciones, clásicos indestructibles compuestos por Irving Berlin, Hammerstein & Rodgers, o Johnny Mercer. Así que al final, el veredicto sobre este proyecto (largamente acariciado por Dylan, según parece) tiene que ser agridulce ¿Lo peor de todo? Que la mejor forma de definir “Shadows In The Night” se parece demasiado a una “agradable música de fondo”. Y eso duele.