Reseña exclusiva. Melody Gardot: Currency of Man

6 de abril de 2015

Texto: Luis Miguel Flores

Club 1906 os ofrece, una vez más, una reseña exclusiva. Melody Gardot: Currency of Man, dos meses antes de su publicación, el 1 de junio de 2015. La propia Gardot lo define con frases como “un salto a lo desconocido” y “algo que no había hecho nunca”, además de calificarlo como “un viaje”, “una película”, “un sueño” o “un collage mutante”. Hay un poco de todo ello pero, ante todo, se trata de una apuesta tan arriesgada como, finalmente, ganadora; es, de largo, lo mejor que Melody Gardot nos ha entregado hasta ahora.

Lo primero que llama la atención de “Currency of Man” es cómo logra mantenerse en una tierra de nadie que, pisando en el blues, el jazz y el rhythm and blues (con un buen barniz de gospel y soul) consigue sonar bastante a sí misma. Melody Gardot se asienta en ella, más reflexiva y honda que nunca, para contarnos un puñado de historias que retratan -con peso- a personajes que viven en los márgenes. Gardot solo tiene 30 años, pero aquí suena mucho más sabia y madura. “Currency of Man” tiene, además, una diferencia esencial en el sonido con respecto a sus trabajos anteriores: es esencialmente un disco de guitarras, en el que Melody se agarra menos que nunca a su piano. Un disco de guitarras heridas, cuerdas expresivas y órganos carnales que, con el añadido de “grabaciones de campo” o ambientes, envuelven a la música en un apretado tejido cinematográfico. Como muestra, el adelanto del disco: “Same To You”.

El álbum se dispara en numerosas y (casi siempre) muy apetecibles direcciones: todo lo que cabe entre la tormentosa balada envuelta en cuerdas derretidas (“If I Ever Recall Your Face”, en un registro que abraza la chançon) y el pegajoso rhythm and blues de guitarras distorsionadas (la terrosa “Preacherman”). En “No Man’s Prize” (ojo: sólo en la edición deluxe) Gardot consigue recordarnos a la vez a la grandísima Billie Holiday (en estos días estamos celebrando su centenario) y a ese Tom Waits inicial, derramándose sobre su piano. Un Waits cuyo espíritu reaparece -envuelto en humo- en el mejor tema del álbum: “Bad News”, en el que Gardot consigue, sin duda, la mejor interpretación de su carrera. Espectacular.

Entre los grandes culpables de todo esto (además de Gardot, por supuesto) encontramos al productor Larry Klein, con quien Melody ya trabajó en (el radicalmente distinto) “My One and Only Thrill”. Una lástima que no sepamos quiénes son esos “jóvenes músicos” a los que alude Gardot en la nota de prensa que la compañía ha mandado junto con al audio. Sean quienes sean, merecen nuestro aplauso. La envoltura sonora es perfecta: no sobra ni falta nada. Un consejo: cuando salga el disco en junio, cómprense la edición “Artist’s Cut”. Contiene 5 cortes más, 5 razones adicionales para amar a Melody. No lo duden.

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