Reseña Pequeños Grandes Momentos 1906: Booker T. Jones

Reseña Pequeños Grandes Momentos 1906: Booker T. Jones

27 de enero de 2015

Texto: Luis Miguel Flores
Fotografía: Jaime Massieu

Pequeños Grandes Momentos 1906 con un grande del soul de Memphis. Inolvidable concierto en el madrileño Teatro Lara de un Booker T. Jones, que no se ciñó ni mucho menos a su legendario órgano Hammond: a lo largo de dos horas, el elegante septuagenario cantó con solvencia, tocó la guitarra (mi primer instrumento, nos recordó) y animó el cotarro contando las ya míticas historias de muchas de las canciones. Al teclado, dio una clase magistral de “menos es más”: no se trata de que suenen muchas notas, sino las precisas.

Pese a que en sus últimos discos ha recurrido a la muy diversa compañía de Drive-By Truckers, The Roots o los Avila Brothers, para el directo Booker T. Jones confía en una versión remozada del formato MG’s de toda la vida: guitarra (Vernon Black), bajo (Melvin Brannon) y batería (Darian Gray). 3 músicos sólidos que se mueven a la perfección sobre los colchones de Hammond y las inolvidables melodías del jefe. Sin olvidarnos del propio hijo de Booker, Ted Jones, que se hizo medio concierto a la guitarra.

El inicio marcó la tónica: “Harlem House” (de “The Road From Memphis”, su disco de 2011 con The Roots) y “Hang ‘Em High” (versión de un tema de un western con Clint Eastwood convertido en hit de Booker T. & The MG’s en 1968). Es decir, sonaron los grandes clásicos de los MG’s, un buen puñado de versiones y varias muestras de los discos que le han resucitado en el último lustro.

Booker se lanzó sin dudarlo al blues con una espléndida versión de “Born Under a Bad Sign” (escrita por Booker para un bluesman compañero del sello Stax, Albert King); transitó el camino del funk con una irresistible “Melting Pot” que acabó en fiesta; quiso y supo ser canónico con la inmortal “Green Onions”; sorprendió y arrebató al respetable con un “Hey Joe” (sí, el de Hendrix) estratosférico: a tres guitarras con punteo espectacular de Vernon Black; y se puso tierno a dúo con su hijo en un “Purple Rain” (sí, el de Prince) un poco temblón.

Con Booker aún a la guitarra, sonaron también “Take Me To The River” (Al Green) y “Mannish Boy” (Muddy Waters). Y nuestro hombre volvió al Hammond para tocar “Father Son Blues”, tema propio del último álbum (“Sound The Alarm”) dedicado a su hijo, que se lució en el punteo sobre los sabios colchones de órgano de Papá Booker, que luego desató toda su magia. Magia que siguió por todo lo alto con ese inicio de “A Song For You” (de su amigo Leon Russell, nos dijo) solo con órgano y voz.

De otro amigo (un tal Bob Dylan) sonó “Knockin’ On Heaven’s Door”, en cuya sesión original, Booker -nos lo recordó con cariño- tocó ¡el bajo! Y de ahí a una recta final imparable con una demoledora “Everything Is Everything” (versión instrumental del temazo de Lauryn Hill que Booker incluyó en su penúltimo disco, “The Road To Memphis”) y tres imprescindibles de los MG’s: “Hip Hug Her” (con rap del batería), “Soul Limbo” (más protagonismo del percusionista, ahora con un coreadísimo solo)… y el legendario crescendo circular de un “Time Is Tight” para enmarcar, que provoca locos aplausos y pone al teatro en pie.

El bis fue una extraña mezcla entre “Hey Ya” de Outkast y “I’ve Been Loving You Too Long” de Otis Redding, pero la auténtica propina fue ver a Booker sonriente y satisfecho firmando discos y haciéndose fotos con los fans. Como él mismo nos contó tras la sesión de firmas: “Me lo he pasado muy bien en este concierto. El público ha sido muy cálido. He visto a mucha gente sonreír. Y me he sentido muy arropado. Me he divertido y el teatro es precioso. Una gran noche”. Amén.