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Crónica de Rudresh Mahanthappa, Festival de Jazz de Lugo. 10 de noviembre de 2015.

El músico errante que Julio Cortázar captura en El Perseguidor se bajó del escenario para vivir para siempre en los muros (Bird Lives!, rezaron varios grafitis en Nueva York a título póstumo) y en la eternidad de los discos y bibliotecas, donde cada matiz por sucio que parezca contradice el diagnóstico forense de aquel hombre de 34 años que dejó un cadáver anciano: úlcera de estómago, neumonía, cirrosis hepática y un definitivo ataque al corazón pusieron fin al mayor talento de la música del siglo XX . Nadie amplió nunca los márgenes del pentagrama como Charlie Parker. Nadie amplió de tal manera los márgenes de la vida. La profunda “devoción” por Bird, de cuya muerte se cumplen ya 60 años, inspira el último trabajo de uno de los nombres principales del jazz en la actualidad, situado entre la reinvención y la pleitesía del genio. Rudresh Mahanthappa, el mejor saxofonista del momento para la Asociación de Periodistas de Jazz de Estados Unidos, exhibió en el Festival de Jazz de Lugo un muestrario de canciones propias que evocan la impulsividad del genio Charlie Parker.

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